Lo íntimo es lo inmenso: la nueva generación de la música chilena se toma el escenario en Ladera Volcán

El festival Ladera Volcán debutó en Santiago con un concierto íntimo en Sala Metrónomo, reuniendo a Pedropiedra, Olivia García y Rosario Gatica en una noche de emociones profundas y canciones que encienden fuegos duraderos.


Afuera, el frío calaba los huesos. Santiago se recogía entre luces tenues y soplos de neblina, mientras una luna creciente comenzaba a asomar tímidamente entre los edificios del Barrio Bellavista. Era 11 de julio, una noche común, salvo por lo extraordinario que ocurría en el corazón palpitante de Sala Metrónomo.

Por primera vez, el festival Ladera Volcán llegaba a la capital como un rito íntimo, profundamente cuidado, donde cada artista parecía más una confesión que un show. Una reunión de voces que no gritan, pero que resuenan.

Tres voces, una sola vibración

Pedropiedra, Olivia García y Rosario Gatica fueron los protagonistas de esta ceremonia sonora. Cada uno con su mundo, pero todos con una carga emocional que transformó el espacio en algo más parecido a un refugio que a una sala de conciertos.

Rosario Gatica abrió la noche con una vibra contenida, poderosa, casi cinematográfica. Hay una calma extraña en su forma de interpretar, como si sus canciones nacieran para quedarse, para habitar el tiempo con delicadeza. Cuando fue entrevistada por Pleidelis, la cantante señaló con una mezcla de pudor y entusiasmo:

“Estoy trabajando en un nuevo disco, más experimental, con sonidos nuevos… Estoy muy emocionada, con muchas ganas de mostrar mi música a todos.”

Olivia García, aparecio feliz por su titulación: dejó atrás los días divididos entre clases y ensayos, para sumergirse por completo en la música. Su voz —limpia, sentida, valiente— se sintió como una declaración de principios. Y lo era. Pronto parte a una gira por España, y lo dejó claro: “Ahora estoy 100% disponible para la música, que es lo que más quiero en la vida”.

Pedropiedra, cerró con su encanto habitual fue el anfitrión ideal para un público que ya lo siente parte del de sus vidas.

Una nueva generación que no necesita permiso

Ladera Volcán no solo puso sobre la mesa a tres artistas con recorrido; también dejó en evidencia algo más profundo: una nueva generación de músicos chilenos que ya no espera validación para existir, que crea desde la raíz, pero con la vista puesta en el mundo.

El festival, que nació lejos de los centros de poder —en el sur, cerca del volcán Osorno—, encontró en esta fecha santiaguina un punto de expansión emocional.

Y cuando la música terminó y las luces volvieron a su blanco habitual, la luna ya estaba alta. Afuera, el frío seguía, pero algo había cambiado. Porque algunas noches, aunque pequeñas, encienden fuegos que arden mucho más lejos de lo que imaginamos.

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