Esteban Andrés Suárez Bruna https://pleidelis.cl/author/esuabru/ Donde la música es protagonista Thu, 31 Jul 2025 05:23:37 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9 https://pleidelis.cl/wp-content/uploads/2025/01/cropped-Logo-principal-32x32.png Esteban Andrés Suárez Bruna https://pleidelis.cl/author/esuabru/ 32 32 El Mambo: de la conversación con los dioses a los barrios chilenos https://pleidelis.cl/el-mambo-de-la-conversacion-con-los-dioses-a-los-barrios-chilenos/ https://pleidelis.cl/el-mambo-de-la-conversacion-con-los-dioses-a-los-barrios-chilenos/#respond Tue, 15 Jul 2025 21:02:03 +0000 https://pleidelis.cl/?p=348 En Matanzas, Cuba, el calor no solo cuece el azúcar, también cuece los ritmos. En los años treinta, dos niños correteaban por los patios de tierra tocando cuerdas como si conversaran con el viento. Eran los hermanos López: Orestes y Cachao. Entre juegos y notas desafinadas, nació el mambo. No como lo conocemos hoy, sino como una especie de latido misterioso, un danzón con síncopas que quebraban el compás y obligaban al cuerpo a reaccionar. Mambo significa, en lengua bantú, “conversación con los dioses”. Y eso fue, al principio, un rito sagrado disfrazado de fiesta popular. Lo que Orestes creó como experimento tímido, Pérez Prado lo transformó en explosión. Dámaso, con sus metales hirvientes y su cuerpo estallando de trajes brillantes, llevó el mambo a las grandes orquestas, al Palladium de Nueva York, al cine de México, a las pistas sudorosas donde cada paso era una afirmación de identidad. En sus propias palabras, “yo soy coleccionista de sonidos… el grito de una negrita, el de una cascada, el de una gallinita” (citado en El Comercio, 2023). Pero como todo ritmo que nace del cuerpo, el mambo mutó. El mundo no es el mismo que el de la Matanzas colonial, ni el del swing caribeño en Manhattan. Hoy, su hijo bastardo camina por los pasajes de Santiago, sucio de calle, adornado de brillos nuevos: el mambo chileno urbano. No se viste de blanco ni suena en casinos. Se graba con celulares, se escucha desde parlantes colgados en rejas. Habla de motos, lucas cortas, fierros, respeto. Y aunque los críticos quieran ignorarlo, está más vivo que nunca. En 2012, en Puente Alto, un joven llamado Hecnaboy colgó su primer videoclip en YouTube. Era un mambo. Rudo, artesanal, directo. Fue el inicio de una década donde artistas como Granmente, Forest, Bayron Fire, Kevin Martes 13 y Fran C fueron construyendo un subgénero que mezcla dembow, reggaetón y herencia afrocaribeña. Las trompetas cortadas, los bombos repetitivos, la síncopa que remite a Pérez Prado, pero con letras que ya no hablan de amor ni baile: hablan de sobrevivencia. En “Mambo Ladrones” (2020), Granmente afirma: “somos los ladrones del mambo que vienen a romper esta pista”. Lo dice con orgullo, no como metáfora. El mambo ya no es solo musical: es territorial, es simbólico, es político. Lo que sucede es más profundo. El mambo se ha convertido en el espejo de una clase social postergada. Donde la elite baila salsa en academias pagadas, el mambo urbano aparece en la vereda, entre niños que rapean con celulares prestados y madres que venden sopaipillas. Como escribe la antropóloga María Pérez (2020), “el mambo urbano es un encuentro entre lo global y lo local, donde la periferia se apropia de estructuras caribeñas para narrar su propia existencia”. La socióloga Dahlia de la Cerda sostiene que “escuchar los corridos y los mambos de los márgenes no es glorificarlos, sino entender desde dónde surgen” (Nuevas fronteras del arte marginal, 2021). Pero ese mismo ritmo, que puede liberar, también puede alentar a caminos peligrosos. Y aquí el debate se vuelve incómodo. Hay letras que glorifican la violencia, que romantizan el narco, que celebran la trampa como método. En “A fuego”, por ejemplo, Forest canta: “nos metimos en la vuelta sin miedo a morir, por la luca, por el kilo, por salir”. ¿Es arte? ¿Es apología del delito? ¿Es un reflejo social? El caso de Peso Pluma en el Festival de Viña del Mar (2024) encendió esta discusión. Su presentación fue cancelada por presión política y mediática, acusándolo de promover la narcocultura. El concejal René Lues lo consideró “una amenaza moral” y el diputado Luis Sánchez llegó a judicializar su actuación. El músico se bajó del cartel. Pero la pregunta quedó: ¿quién define lo que se puede cantar? ¿El Estado? ¿El mercado? ¿La moral? Para entender este fenómeno, hay que mirar más allá de la música. Filósofos como Lyotard y Foucault advirtieron que la cultura dominante no solo impone discursos, también define lo que es válido y lo que debe ser excluido. Cancelar al artista es una forma de cancelar el discurso. En este caso, la cancelación del mambo no es solo censura estética, sino una forma de contener el relato de la pobreza. Como si a los marginales se les pidiera cantar solo lo bonito, solo lo aceptable. Pero los datos incomodan aún más. Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE, 2023), el 90% de la población penal juvenil en Chile es nacional, y los delitos más comunes son el tráfico y robo con violencia. En el informe “Juventud y Delincuencia” del Ministerio de Justicia (2022), se reconoce que la reincidencia en jóvenes entre 16 y 25 años es de las más altas de América Latina. Y lo más grave: el 64% no terminó la enseñanza media, y el 58% nunca tuvo un trabajo formal. Entonces, ¿qué nos dice el mambo? ¿Que debemos legitimar el delito? No. Pero sí entender que esas letras son el lenguaje de una rabia estructural. Como dice Jorge Gómez, sociólogo chileno: “la cultura flayte no es solo estética: es una respuesta simbólica a la exclusión sistemática de los barrios populares” (Juventud, música y clase, 2018). Es ahí donde el mambo se vuelve más que música: es diagnóstico. No es cómodo escuchar letras que exaltan la viveza, el “hacerla corta”, el narco como ascenso social. Pero tampoco es honesto fingir que no existen. Cancelarlas es como tapar un espejo. El mambo urbano no necesita justificación moral. Necesita comprensión sociopolítica. Porque en su ruido, en su rabia, en su ritmo sincopado, está la historia reciente de cientos de jóvenes que no encontraron otro canal. A diferencia de la salsa que educa al oído medio, el mambo urbano golpea al pecho. No pide permiso para sonar. No pide permiso para existir. Y aunque algunos nostálgicos digan que “el mambo murió”, la verdad es que resucitó. No en las grandes bandas ni en los festivales de traje largo. Resucitó en el pasaje, en la plaza, en el beat casero

The post El Mambo: de la conversación con los dioses a los barrios chilenos appeared first on Pleidelis.

]]>
En Matanzas, Cuba, el calor no solo cuece el azúcar, también cuece los ritmos. En los años treinta, dos niños correteaban por los patios de tierra tocando cuerdas como si conversaran con el viento. Eran los hermanos López: Orestes y Cachao. Entre juegos y notas desafinadas, nació el mambo. No como lo conocemos hoy, sino como una especie de latido misterioso, un danzón con síncopas que quebraban el compás y obligaban al cuerpo a reaccionar.

Mambo significa, en lengua bantú, “conversación con los dioses”. Y eso fue, al principio, un rito sagrado disfrazado de fiesta popular. Lo que Orestes creó como experimento tímido, Pérez Prado lo transformó en explosión. Dámaso, con sus metales hirvientes y su cuerpo estallando de trajes brillantes, llevó el mambo a las grandes orquestas, al Palladium de Nueva York, al cine de México, a las pistas sudorosas donde cada paso era una afirmación de identidad. En sus propias palabras, “yo soy coleccionista de sonidos… el grito de una negrita, el de una cascada, el de una gallinita” (citado en El Comercio, 2023).

Pero como todo ritmo que nace del cuerpo, el mambo mutó. El mundo no es el mismo que el de la Matanzas colonial, ni el del swing caribeño en Manhattan. Hoy, su hijo bastardo camina por los pasajes de Santiago, sucio de calle, adornado de brillos nuevos: el mambo chileno urbano. No se viste de blanco ni suena en casinos. Se graba con celulares, se escucha desde parlantes colgados en rejas. Habla de motos, lucas cortas, fierros, respeto. Y aunque los críticos quieran ignorarlo, está más vivo que nunca.

En 2012, en Puente Alto, un joven llamado Hecnaboy colgó su primer videoclip en YouTube. Era un mambo. Rudo, artesanal, directo. Fue el inicio de una década donde artistas como Granmente, Forest, Bayron Fire, Kevin Martes 13 y Fran C fueron construyendo un subgénero que mezcla dembow, reggaetón y herencia afrocaribeña. Las trompetas cortadas, los bombos repetitivos, la síncopa que remite a Pérez Prado, pero con letras que ya no hablan de amor ni baile: hablan de sobrevivencia. En “Mambo Ladrones” (2020), Granmente afirma: “somos los ladrones del mambo que vienen a romper esta pista”. Lo dice con orgullo, no como metáfora. El mambo ya no es solo musical: es territorial, es simbólico, es político.

Lo que sucede es más profundo. El mambo se ha convertido en el espejo de una clase social postergada. Donde la elite baila salsa en academias pagadas, el mambo urbano aparece en la vereda, entre niños que rapean con celulares prestados y madres que venden sopaipillas. Como escribe la antropóloga María Pérez (2020), “el mambo urbano es un encuentro entre lo global y lo local, donde la periferia se apropia de estructuras caribeñas para narrar su propia existencia”. La socióloga Dahlia de la Cerda sostiene que “escuchar los corridos y los mambos de los márgenes no es glorificarlos, sino entender desde dónde surgen” (Nuevas fronteras del arte marginal, 2021).

Pero ese mismo ritmo, que puede liberar, también puede alentar a caminos peligrosos. Y aquí el debate se vuelve incómodo. Hay letras que glorifican la violencia, que romantizan el narco, que celebran la trampa como método. En “A fuego”, por ejemplo, Forest canta: “nos metimos en la vuelta sin miedo a morir, por la luca, por el kilo, por salir”. ¿Es arte? ¿Es apología del delito? ¿Es un reflejo social?

El caso de Peso Pluma en el Festival de Viña del Mar (2024) encendió esta discusión. Su presentación fue cancelada por presión política y mediática, acusándolo de promover la narcocultura. El concejal René Lues lo consideró “una amenaza moral” y el diputado Luis Sánchez llegó a judicializar su actuación. El músico se bajó del cartel. Pero la pregunta quedó: ¿quién define lo que se puede cantar? ¿El Estado? ¿El mercado? ¿La moral?

Para entender este fenómeno, hay que mirar más allá de la música. Filósofos como Lyotard y Foucault advirtieron que la cultura dominante no solo impone discursos, también define lo que es válido y lo que debe ser excluido. Cancelar al artista es una forma de cancelar el discurso. En este caso, la cancelación del mambo no es solo censura estética, sino una forma de contener el relato de la pobreza. Como si a los marginales se les pidiera cantar solo lo bonito, solo lo aceptable.

Pero los datos incomodan aún más. Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE, 2023), el 90% de la población penal juvenil en Chile es nacional, y los delitos más comunes son el tráfico y robo con violencia. En el informe “Juventud y Delincuencia” del Ministerio de Justicia (2022), se reconoce que la reincidencia en jóvenes entre 16 y 25 años es de las más altas de América Latina. Y lo más grave: el 64% no terminó la enseñanza media, y el 58% nunca tuvo un trabajo formal.

Entonces, ¿qué nos dice el mambo? ¿Que debemos legitimar el delito? No. Pero sí entender que esas letras son el lenguaje de una rabia estructural. Como dice Jorge Gómez, sociólogo chileno: “la cultura flayte no es solo estética: es una respuesta simbólica a la exclusión sistemática de los barrios populares” (Juventud, música y clase, 2018). Es ahí donde el mambo se vuelve más que música: es diagnóstico.

No es cómodo escuchar letras que exaltan la viveza, el “hacerla corta”, el narco como ascenso social. Pero tampoco es honesto fingir que no existen. Cancelarlas es como tapar un espejo. El mambo urbano no necesita justificación moral. Necesita comprensión sociopolítica. Porque en su ruido, en su rabia, en su ritmo sincopado, está la historia reciente de cientos de jóvenes que no encontraron otro canal.

A diferencia de la salsa que educa al oído medio, el mambo urbano golpea al pecho. No pide permiso para sonar. No pide permiso para existir. Y aunque algunos nostálgicos digan que “el mambo murió”, la verdad es que resucitó. No en las grandes bandas ni en los festivales de traje largo. Resucitó en el pasaje, en la plaza, en el beat casero de un chico que, aunque nadie lo escuche, igual canta.

Porque el mambo, como la poesía verdadera, no necesita aplausos para ser verdad. Solo necesita cuerpo. Y ese cuerpo, hoy por hoy, lo tiene la calle.

🕘 Línea de Tiempo del Mambo Chileno

AñoHitoDescripción
1938Nace el concepto de “mambo”Orestes López y su hermano Cachao, en Cuba, introducen arreglos sincopados en el danzón. El mambo nace como evolución rítmica.
1943Pérez Prado forma su bandaEl compositor cubano Dámaso Pérez Prado forma una orquesta con metales y percusiones. El mambo se internacionaliza.
1951Gira de Pérez Prado por EE. UU.El mambo alcanza su mayor popularidad en Norteamérica; Pérez Prado es proclamado “Rey del Mambo”.
1957Orquesta Huambaly en ChileSurge en Santiago una de las primeras orquestas tropicales con influencia del mambo, mezcla de swing, jazz y ritmos afrocubanos.
Décadas 1960–2000Mambo en salones y salsotecasEl mambo clásico persiste en fiestas tropicales, radios AM y orquestas de salón, perdiendo masividad con el avance del reggaetón y la cumbia.
2012Primer videoclip de mambo urbano chilenoHecnaboy publica su primer tema en formato mambo con lírica callejera. Marca el inicio del mambo urbano o “mambo flayte”.
2013–2015Consolidación de artistas pionerosSe suman Granmente, Forest, Bayron Fire y productores como Felipe Toledo. Aparecen videoclips, beats propios y una escena emergente.
2015–2018Expansión con Farándula ProduccionesDash & Cangri, Malito Malozo, Mati Drugs y otros consolidan el mambo urbano como movimiento musical alternativo en Santiago.
2019–2021Mambo y trap se fusionanSe observa una fuerte conexión con el trap y el maleanteo, influencias de artistas como Ñengo Flow y Cosculluela.
2022Auge de “Desafío Músic”Kevin Martes 13, Jonakapazio, Fran C y DJ Kili lideran una nueva generación con sonido refinado, producción audiovisual y letras de barrio.
2023Reconocimiento académico y periodísticoComienzan investigaciones y artículos que abordan el mambo urbano como expresión estética de la juventud periférica.
2024–2025Revalorización y debate públicoEl fenómeno del mambo urbano se cruza con discusiones sobre apología al delito, estética flayte y censura cultural. Aparece en festivales underground y estudios de música urbana.

The post El Mambo: de la conversación con los dioses a los barrios chilenos appeared first on Pleidelis.

]]>
https://pleidelis.cl/el-mambo-de-la-conversacion-con-los-dioses-a-los-barrios-chilenos/feed/ 0
Montse en Sala Máster: un concierto para mirar al horizonte con calma, coraje y canciones https://pleidelis.cl/montse-en-sala-master-un-concierto-para-mirar-al-horizonte-con-calma-coraje-y-canciones/ https://pleidelis.cl/montse-en-sala-master-un-concierto-para-mirar-al-horizonte-con-calma-coraje-y-canciones/#respond Tue, 15 Jul 2025 06:11:46 +0000 https://pleidelis.cl/?p=224 La cantautora chilena presentó oficialmente Mirando el Horizonte, un disco íntimo que se nutre de la luz, la naturaleza y los caminos personales que no se transan. Desde una guitarra que susurra Montse demostró que hay artistas que vienen a entregar la magia de la calma. En Santiago hay noches que transcurren como si fueran un poema en voz baja. No hacen ruido en las redes, no llenan estadios, pero dejan huella en quienes están presentes. El pasado Sábado 11 de Julio, en la Sala Máster de Radio Universidad de Chile, ocurrió una de esas. Fue el concierto de Montse, quien llegó para presentar oficialmente su disco Mirando el Horizonte y sellar, sin declararlo, el cierre de una primera etapa luminosa de su carrera. El show comenzó con una apertura delicada y honesta a cargo de Cote Lillo, cantautora proveniente de Temuco, que tejió con voz y guitarra una atmósfera íntima que preparó el terreno con la suavidad de quien sabe que a veces basta con poco para decir mucho. Después, sin escenografía exuberante ni artificios visuales, apareció Montse. Una guitarra, una banda ajustada, y sobre todo, una presencia que parecía mezclarse con el aire. Hay artistas que construyen su figura a partir del impacto; Montse, en cambio, se instala desde lo sensorial: es como una brisa que se cuela por la ventana un día de sol y viento. En el escenario, Montse no interpreta un personaje: se muestra tal cual es. “Todavía no me lo creo mucho”, dijo con una mezcla de alegría y pudor. Pero estaba ahí, en la misma sala donde alguna vez asistió como espectadora. “Yo venía a ver artistas a Sala Máster y pensaba ‘qué bacán sería tocar aquí’. Y se logró”, dijo, emocionada. El momento no era menor: título de ingeniera recién obtenido, primer concierto solista a sala llena, y al día siguiente, el inicio de una gira internacional. México, Costa Rica, Panamá, Colombia… serán parte de su ruta en los próximos dos meses. Un viaje que mezcla lo artístico y lo personal. “Va a ser exigente, física y emocionalmente”, dijo en entrevista con Pleidelis.cl, “pero también es un sueño. En Colombia me espera uno de los escenarios más grandes que he pisado: la Fiesta del Libro de Medellín”. Mirando el Horizonte no es un disco para viralizar. Es un álbum para escuchar con tiempo, para dejar que las canciones respiren. A través de melodías suaves, arreglos orgánicos y una lírica luminosa, Montse propone un camino donde la música no es mercancía, sino compañía. No busca provocar, busca acompañar. En sus canciones hay algo de mística sin artificio. Una conexión con el presente, con la naturaleza, con lo que nos rodea cuando apagamos el ruido. “Un paseo por las praderas, pelo al viento y muchas flores”, anotamos en terreno. Un ritual pequeño pero necesario, como abrir la ventana después de la lluvia. Y al final, el llanto. No uno dramático, sino sereno. La emoción de quien siente que ha cumplido una etapa. Una calma profunda que llega después de haber atravesado miedos, dudas y decisiones difíciles. Porque para Montse, cantar no es una estrategia: es una forma de habitar la vida. Esa noche, Chile tuvo una buena representante. Una artista que no se desborda, pero que desborda sentido. Que no dramatiza, pero que conmueve. Y que está enseñando —paso a paso, canción a canción— que mirar el horizonte no es huir, sino confiar.

The post Montse en Sala Máster: un concierto para mirar al horizonte con calma, coraje y canciones appeared first on Pleidelis.

]]>
La cantautora chilena presentó oficialmente Mirando el Horizonte, un disco íntimo que se nutre de la luz, la naturaleza y los caminos personales que no se transan. Desde una guitarra que susurra Montse demostró que hay artistas que vienen a entregar la magia de la calma.

En Santiago hay noches que transcurren como si fueran un poema en voz baja. No hacen ruido en las redes, no llenan estadios, pero dejan huella en quienes están presentes. El pasado Sábado 11 de Julio, en la Sala Máster de Radio Universidad de Chile, ocurrió una de esas. Fue el concierto de Montse, quien llegó para presentar oficialmente su disco Mirando el Horizonte y sellar, sin declararlo, el cierre de una primera etapa luminosa de su carrera.

El show comenzó con una apertura delicada y honesta a cargo de Cote Lillo, cantautora proveniente de Temuco, que tejió con voz y guitarra una atmósfera íntima que preparó el terreno con la suavidad de quien sabe que a veces basta con poco para decir mucho.

Después, sin escenografía exuberante ni artificios visuales, apareció Montse. Una guitarra, una banda ajustada, y sobre todo, una presencia que parecía mezclarse con el aire. Hay artistas que construyen su figura a partir del impacto; Montse, en cambio, se instala desde lo sensorial: es como una brisa que se cuela por la ventana un día de sol y viento.


En el escenario, Montse no interpreta un personaje: se muestra tal cual es. “Todavía no me lo creo mucho”, dijo con una mezcla de alegría y pudor. Pero estaba ahí, en la misma sala donde alguna vez asistió como espectadora. “Yo venía a ver artistas a Sala Máster y pensaba ‘qué bacán sería tocar aquí’. Y se logró”, dijo, emocionada. El momento no era menor: título de ingeniera recién obtenido, primer concierto solista a sala llena, y al día siguiente, el inicio de una gira internacional.

México, Costa Rica, Panamá, Colombia… serán parte de su ruta en los próximos dos meses. Un viaje que mezcla lo artístico y lo personal. “Va a ser exigente, física y emocionalmente”, dijo en entrevista con Pleidelis.cl, “pero también es un sueño. En Colombia me espera uno de los escenarios más grandes que he pisado: la Fiesta del Libro de Medellín”.


Mirando el Horizonte no es un disco para viralizar. Es un álbum para escuchar con tiempo, para dejar que las canciones respiren. A través de melodías suaves, arreglos orgánicos y una lírica luminosa, Montse propone un camino donde la música no es mercancía, sino compañía. No busca provocar, busca acompañar.

En sus canciones hay algo de mística sin artificio. Una conexión con el presente, con la naturaleza, con lo que nos rodea cuando apagamos el ruido. “Un paseo por las praderas, pelo al viento y muchas flores”, anotamos en terreno. Un ritual pequeño pero necesario, como abrir la ventana después de la lluvia.

Y al final, el llanto. No uno dramático, sino sereno. La emoción de quien siente que ha cumplido una etapa. Una calma profunda que llega después de haber atravesado miedos, dudas y decisiones difíciles. Porque para Montse, cantar no es una estrategia: es una forma de habitar la vida.


Esa noche, Chile tuvo una buena representante. Una artista que no se desborda, pero que desborda sentido. Que no dramatiza, pero que conmueve. Y que está enseñando —paso a paso, canción a canción— que mirar el horizonte no es huir, sino confiar.

The post Montse en Sala Máster: un concierto para mirar al horizonte con calma, coraje y canciones appeared first on Pleidelis.

]]>
https://pleidelis.cl/montse-en-sala-master-un-concierto-para-mirar-al-horizonte-con-calma-coraje-y-canciones/feed/ 0
Vlntna B: “loto fue mi salvación” — La artista nortina que está haciendo ruido desde el centro de Santiago https://pleidelis.cl/vlntna-b-lotto-fue-mi-salvacion-la-artista-nortina-que-esta-haciendo-ruido-desde-el-centro-de-santiago/ https://pleidelis.cl/vlntna-b-lotto-fue-mi-salvacion-la-artista-nortina-que-esta-haciendo-ruido-desde-el-centro-de-santiago/#respond Tue, 15 Jul 2025 06:01:20 +0000 https://pleidelis.cl/?p=222 Desde Antofagasta hasta Barrio Italia, Vlntna B reafirma su identidad musical con un EP que mezcla pop alternativo y luces de trap emocional. Este jueves 10 de julio se presentó en Alto Japón, una velada que confirmó que hay artistas chilenas que no están esperando que las descubran: están brillando solas. En Barrio Italia todo parece diseñado para agradar. Hay cafés con plantas colgantes, tiendas de ropa donde reina el lino y vitrinas con libros que pocos leen. Entre tanto escaparate, el arte a veces se disuelve. Pero este jueves por la noche, entre sushi, humo y neones, hubo algo que interrumpió el confort. Una voz clara, honesta. Una presencia que no exige atención, pero la convoca: Vlntna B. La artista antofagastina —radicada en Santiago— llegó a Alto Japón Sushi Bar con un show íntimo pero cargado de verdad. No es su debut, ni mucho menos. Lleva años en esto. Pero este 2024 marca un punto de madurez. Lanzó el EP loto, un trabajo que ella misma define como “una iluminación propia”. No por mística, sino por concreta: loto fue, literalmente, su forma de salir del bloqueo. “Estaba en un momento complicado, de esos donde una se pregunta si seguir”, confesó en entrevista con Pleidelis “Y este proyecto llegó como una respuesta que me permitió encontrar un sonido que siento muy mío”. Ese sonido tiene algo de pop alternativo, algo de electrónica nostálgica y una energía lo-fi que acompaña, pero no abruma. Hay una sinceridad en su voz que no necesita adornos. El beat puede variar, pero la emoción se mantiene constante. “Creo que loto tiene como eje el crecimiento personal. No está dicho explícitamente en las letras, pero sí en el recorrido emocional”, explica. Y se nota. Las canciones no cuentan una historia, pero todas apuntan hacia un mismo lugar: esa zona íntima donde una se reinventa sin alardes, solo con voluntad. En escena, Vlntna B no interpreta: transmite. Hay momentos donde el micrófono parece sobrarle y otros donde se funde con la base como si fuera un instrumento más. Lo suyo no es performance: es presencia. La misma que la ha llevado a construir una comunidad leal, silenciosa pero firme, que la acompaña desde el norte y la sigue ahora en la capital. En un mundo donde muchas carreras nacen con la expectativa del algoritmo, la de Vlntna B se ha tejido con paciencia. No grita, pero tampoco pide permiso. “Estoy agradecida por todo el cariño. No es una carrera corta la mía, y me llena ver que hay gente que sigue ahí”, dice. No es raro que esté encontrando su lugar justo ahora. Este año parece estar girando en torno a eso: consolidar lo propio. Merchandising, nuevos shows, la posibilidad de más lanzamientos. Todo eso mientras —como ella misma admite— lidia con nuevos bloqueos, con las pausas naturales de un proceso creativo que no siempre da tregua. “Si ya pude salir de uno con un proyecto tan bacán como loto, sé que puedo volver a salir de los que vengan. Y ese es también mi mensaje: siempre se puede volver a salir”, dice con convicción. Vlntna B no está esperando que alguien valide su talento. Lo está poniendo sobre la mesa, con calma y claridad. Lotto no es un disco que busque sonar como nada más. Es una bitácora emocional en clave pop. Y su presentación en Alto Japón dejó claro que estamos ante una artista que no se acomoda al molde, pero tampoco lo rompe por romper. Simplemente, sigue caminando con voz propia. En tiempos donde la autenticidad se simula, ella la ejerce. Y eso, aunque no haga trending topic, merece ser escuchado.

The post Vlntna B: “loto fue mi salvación” — La artista nortina que está haciendo ruido desde el centro de Santiago appeared first on Pleidelis.

]]>
Desde Antofagasta hasta Barrio Italia, Vlntna B reafirma su identidad musical con un EP que mezcla pop alternativo y luces de trap emocional. Este jueves 10 de julio se presentó en Alto Japón, una velada que confirmó que hay artistas chilenas que no están esperando que las descubran: están brillando solas.

En Barrio Italia todo parece diseñado para agradar. Hay cafés con plantas colgantes, tiendas de ropa donde reina el lino y vitrinas con libros que pocos leen. Entre tanto escaparate, el arte a veces se disuelve. Pero este jueves por la noche, entre sushi, humo y neones, hubo algo que interrumpió el confort. Una voz clara, honesta. Una presencia que no exige atención, pero la convoca: Vlntna B.

La artista antofagastina —radicada en Santiago— llegó a Alto Japón Sushi Bar con un show íntimo pero cargado de verdad. No es su debut, ni mucho menos. Lleva años en esto. Pero este 2024 marca un punto de madurez. Lanzó el EP loto, un trabajo que ella misma define como “una iluminación propia”. No por mística, sino por concreta: loto fue, literalmente, su forma de salir del bloqueo.

Estaba en un momento complicado, de esos donde una se pregunta si seguir”, confesó en entrevista con PleidelisY este proyecto llegó como una respuesta que me permitió encontrar un sonido que siento muy mío”.

Ese sonido tiene algo de pop alternativo, algo de electrónica nostálgica y una energía lo-fi que acompaña, pero no abruma. Hay una sinceridad en su voz que no necesita adornos. El beat puede variar, pero la emoción se mantiene constante.

Creo que loto tiene como eje el crecimiento personal. No está dicho explícitamente en las letras, pero sí en el recorrido emocional”, explica. Y se nota. Las canciones no cuentan una historia, pero todas apuntan hacia un mismo lugar: esa zona íntima donde una se reinventa sin alardes, solo con voluntad.


En escena, Vlntna B no interpreta: transmite. Hay momentos donde el micrófono parece sobrarle y otros donde se funde con la base como si fuera un instrumento más. Lo suyo no es performance: es presencia. La misma que la ha llevado a construir una comunidad leal, silenciosa pero firme, que la acompaña desde el norte y la sigue ahora en la capital.

En un mundo donde muchas carreras nacen con la expectativa del algoritmo, la de Vlntna B se ha tejido con paciencia. No grita, pero tampoco pide permiso. “Estoy agradecida por todo el cariño. No es una carrera corta la mía, y me llena ver que hay gente que sigue ahí”, dice.

No es raro que esté encontrando su lugar justo ahora. Este año parece estar girando en torno a eso: consolidar lo propio. Merchandising, nuevos shows, la posibilidad de más lanzamientos. Todo eso mientras —como ella misma admite— lidia con nuevos bloqueos, con las pausas naturales de un proceso creativo que no siempre da tregua.

Si ya pude salir de uno con un proyecto tan bacán como loto, sé que puedo volver a salir de los que vengan. Y ese es también mi mensaje: siempre se puede volver a salir”, dice con convicción.


Vlntna B no está esperando que alguien valide su talento. Lo está poniendo sobre la mesa, con calma y claridad. Lotto no es un disco que busque sonar como nada más. Es una bitácora emocional en clave pop. Y su presentación en Alto Japón dejó claro que estamos ante una artista que no se acomoda al molde, pero tampoco lo rompe por romper. Simplemente, sigue caminando con voz propia.

En tiempos donde la autenticidad se simula, ella la ejerce. Y eso, aunque no haga trending topic, merece ser escuchado.

The post Vlntna B: “loto fue mi salvación” — La artista nortina que está haciendo ruido desde el centro de Santiago appeared first on Pleidelis.

]]>
https://pleidelis.cl/vlntna-b-lotto-fue-mi-salvacion-la-artista-nortina-que-esta-haciendo-ruido-desde-el-centro-de-santiago/feed/ 0
Diez años de Resiliencia: Laguna Pai vuelve a Chile con un disco que sigue haciendo sentido https://pleidelis.cl/diez-anos-de-resiliencia-laguna-pai-vuelve-a-chile-con-un-disco-que-sigue-haciendo-sentido/ https://pleidelis.cl/diez-anos-de-resiliencia-laguna-pai-vuelve-a-chile-con-un-disco-que-sigue-haciendo-sentido/#respond Tue, 15 Jul 2025 05:43:38 +0000 https://pleidelis.cl/?p=223 Desde Perú, la banda de reggae alternativo celebra una década de su tercer álbum con una gira por Sudamérica. Resiliencia, publicado en 2014, consolidó un sonido y un mensaje que, con el paso del tiempo, ha cobrado nuevas lecturas. En un rincón sereno de la escena musical latinoamericana, Laguna Pai lleva años cultivando una trayectoria que apuesta por la coherencia y la profundidad. Nacidos en Lima y fuertemente influenciados por el reggae, pero con un lenguaje propio, el grupo acaba de regresar a Chile en el marco de la conmemoración de los diez años de su disco Resiliencia. “El concepto lo saqué de la psicología, que a su vez lo tomó de la física”, cuenta Mariano Palacios, vocalista de la banda, al recordar el origen del título del álbum. “En ese entonces, no era una palabra muy usada. Pero con el tiempo vimos que comenzó a circular más. Y eso nos hizo sentir que tal vez elegimos bien”. Resiliencia fue, en su momento, una declaración desde lo íntimo: un disco que no pretendía ocupar el centro del espectáculo, sino ofrecer una mirada sobre cómo atravesar la adversidad y salir transformado. A una década de su publicación, sigue generando diálogos. La banda lo reconoce: hay algo en esas canciones que aún acompaña a quienes las escuchan. “Este disco marcó una etapa para nosotros. Hubo cambios, aprendimos nuevas formas de hacer las cosas, y también fue un momento en que empezamos a enfrentar desafíos más grandes como grupo humano”, explica Mariano. La música de Laguna Pai parte del reggae, pero se construye desde un contexto muy propio. “No somos una banda que busca sonar como Jamaica”, dice otro de los integrantes. “Lo nuestro es una mezcla de lo que hemos escuchado, lo que nos gusta, lo que vivimos en Lima, y también de lo que queremos decir”. Ese deseo de decir, de aportar desde el contenido, aparece como una constante. Sus letras, aunque a veces introspectivas, no evitan las referencias a un contexto más amplio: desigualdades, búsquedas personales, crisis de sentido. “Somos una banda de preguntas más que de respuestas”, explican. En esa línea, temas como “Libertad” cobran otra dimensión hoy, cuando los significados de esa palabra parecen más difusos. “Es un concepto difícil”, reconocen. “Cada quien lo vive de forma distinta. Pero si podemos, desde la música, sumar un poco de unión o afecto, eso ya es algo”. En este paso por Chile, la banda vino también a saldar una cuenta pendiente. “La última vez tuvimos que acortar el show por problemas técnicos. Nos quedamos con la espina”, comenta Mariano. Esta vez, el concierto fue más largo, más cercano, más íntimo. Desde aquí, el grupo seguirá su gira por Buenos Aires y Montevideo, antes de volver al estudio para retomar la producción de Visiones, su próximo disco. “Pusimos ese proceso en pausa para centrarnos en esta celebración. Pero ya estamos trabajando de nuevo, afinando las maquetas”, adelantan. El lanzamiento se espera para fines de este año o comienzos del próximo. Laguna Pai se ha mantenido firme en una propuesta que valora los tiempos largos, la escritura con sentido, el desarrollo de una identidad propia. En este presente volátil, donde muchas apuestas musicales se diluyen al poco andar, su constancia invita a celebrar la resistencia.

The post Diez años de Resiliencia: Laguna Pai vuelve a Chile con un disco que sigue haciendo sentido appeared first on Pleidelis.

]]>
Desde Perú, la banda de reggae alternativo celebra una década de su tercer álbum con una gira por Sudamérica. Resiliencia, publicado en 2014, consolidó un sonido y un mensaje que, con el paso del tiempo, ha cobrado nuevas lecturas.

En un rincón sereno de la escena musical latinoamericana, Laguna Pai lleva años cultivando una trayectoria que apuesta por la coherencia y la profundidad. Nacidos en Lima y fuertemente influenciados por el reggae, pero con un lenguaje propio, el grupo acaba de regresar a Chile en el marco de la conmemoración de los diez años de su disco Resiliencia.

“El concepto lo saqué de la psicología, que a su vez lo tomó de la física”, cuenta Mariano Palacios, vocalista de la banda, al recordar el origen del título del álbum. “En ese entonces, no era una palabra muy usada. Pero con el tiempo vimos que comenzó a circular más. Y eso nos hizo sentir que tal vez elegimos bien”.

Resiliencia fue, en su momento, una declaración desde lo íntimo: un disco que no pretendía ocupar el centro del espectáculo, sino ofrecer una mirada sobre cómo atravesar la adversidad y salir transformado. A una década de su publicación, sigue generando diálogos. La banda lo reconoce: hay algo en esas canciones que aún acompaña a quienes las escuchan.

“Este disco marcó una etapa para nosotros. Hubo cambios, aprendimos nuevas formas de hacer las cosas, y también fue un momento en que empezamos a enfrentar desafíos más grandes como grupo humano”, explica Mariano.


La música de Laguna Pai parte del reggae, pero se construye desde un contexto muy propio. “No somos una banda que busca sonar como Jamaica”, dice otro de los integrantes. “Lo nuestro es una mezcla de lo que hemos escuchado, lo que nos gusta, lo que vivimos en Lima, y también de lo que queremos decir”.

Ese deseo de decir, de aportar desde el contenido, aparece como una constante. Sus letras, aunque a veces introspectivas, no evitan las referencias a un contexto más amplio: desigualdades, búsquedas personales, crisis de sentido. “Somos una banda de preguntas más que de respuestas”, explican.

En esa línea, temas como “Libertad” cobran otra dimensión hoy, cuando los significados de esa palabra parecen más difusos. “Es un concepto difícil”, reconocen. “Cada quien lo vive de forma distinta. Pero si podemos, desde la música, sumar un poco de unión o afecto, eso ya es algo”.


En este paso por Chile, la banda vino también a saldar una cuenta pendiente. “La última vez tuvimos que acortar el show por problemas técnicos. Nos quedamos con la espina”, comenta Mariano. Esta vez, el concierto fue más largo, más cercano, más íntimo.

Desde aquí, el grupo seguirá su gira por Buenos Aires y Montevideo, antes de volver al estudio para retomar la producción de Visiones, su próximo disco. “Pusimos ese proceso en pausa para centrarnos en esta celebración. Pero ya estamos trabajando de nuevo, afinando las maquetas”, adelantan. El lanzamiento se espera para fines de este año o comienzos del próximo.


Laguna Pai se ha mantenido firme en una propuesta que valora los tiempos largos, la escritura con sentido, el desarrollo de una identidad propia. En este presente volátil, donde muchas apuestas musicales se diluyen al poco andar, su constancia invita a celebrar la resistencia.

The post Diez años de Resiliencia: Laguna Pai vuelve a Chile con un disco que sigue haciendo sentido appeared first on Pleidelis.

]]>
https://pleidelis.cl/diez-anos-de-resiliencia-laguna-pai-vuelve-a-chile-con-un-disco-que-sigue-haciendo-sentido/feed/ 0
Lo íntimo es lo inmenso: la nueva generación de la música chilena se toma el escenario en Ladera Volcán https://pleidelis.cl/lo-intimo-es-lo-inmenso-la-nueva-generacion-de-la-musica-chilena-se-toma-el-escenario-en-ladera-volcan/ https://pleidelis.cl/lo-intimo-es-lo-inmenso-la-nueva-generacion-de-la-musica-chilena-se-toma-el-escenario-en-ladera-volcan/#respond Sat, 12 Jul 2025 23:56:59 +0000 https://pleidelis.cl/?p=168 El festival Ladera Volcán debutó en Santiago con un concierto íntimo en Sala Metrónomo, reuniendo a Pedropiedra, Olivia García y Rosario Gatica en una noche de emociones profundas y canciones que encienden fuegos duraderos. Afuera, el frío calaba los huesos. Santiago se recogía entre luces tenues y soplos de neblina, mientras una luna creciente comenzaba a asomar tímidamente entre los edificios del Barrio Bellavista. Era 11 de julio, una noche común, salvo por lo extraordinario que ocurría en el corazón palpitante de Sala Metrónomo. Por primera vez, el festival Ladera Volcán llegaba a la capital como un rito íntimo, profundamente cuidado, donde cada artista parecía más una confesión que un show. Una reunión de voces que no gritan, pero que resuenan. Tres voces, una sola vibración Pedropiedra, Olivia García y Rosario Gatica fueron los protagonistas de esta ceremonia sonora. Cada uno con su mundo, pero todos con una carga emocional que transformó el espacio en algo más parecido a un refugio que a una sala de conciertos. Rosario Gatica abrió la noche con una vibra contenida, poderosa, casi cinematográfica. Hay una calma extraña en su forma de interpretar, como si sus canciones nacieran para quedarse, para habitar el tiempo con delicadeza. Cuando fue entrevistada por Pleidelis, la cantante señaló con una mezcla de pudor y entusiasmo: “Estoy trabajando en un nuevo disco, más experimental, con sonidos nuevos… Estoy muy emocionada, con muchas ganas de mostrar mi música a todos.” Olivia García, aparecio feliz por su titulación: dejó atrás los días divididos entre clases y ensayos, para sumergirse por completo en la música. Su voz —limpia, sentida, valiente— se sintió como una declaración de principios. Y lo era. Pronto parte a una gira por España, y lo dejó claro: “Ahora estoy 100% disponible para la música, que es lo que más quiero en la vida”. Pedropiedra, cerró con su encanto habitual fue el anfitrión ideal para un público que ya lo siente parte del de sus vidas. Una nueva generación que no necesita permiso Ladera Volcán no solo puso sobre la mesa a tres artistas con recorrido; también dejó en evidencia algo más profundo: una nueva generación de músicos chilenos que ya no espera validación para existir, que crea desde la raíz, pero con la vista puesta en el mundo. El festival, que nació lejos de los centros de poder —en el sur, cerca del volcán Osorno—, encontró en esta fecha santiaguina un punto de expansión emocional. Y cuando la música terminó y las luces volvieron a su blanco habitual, la luna ya estaba alta. Afuera, el frío seguía, pero algo había cambiado. Porque algunas noches, aunque pequeñas, encienden fuegos que arden mucho más lejos de lo que imaginamos.

The post Lo íntimo es lo inmenso: la nueva generación de la música chilena se toma el escenario en Ladera Volcán appeared first on Pleidelis.

]]>
El festival Ladera Volcán debutó en Santiago con un concierto íntimo en Sala Metrónomo, reuniendo a Pedropiedra, Olivia García y Rosario Gatica en una noche de emociones profundas y canciones que encienden fuegos duraderos.


Afuera, el frío calaba los huesos. Santiago se recogía entre luces tenues y soplos de neblina, mientras una luna creciente comenzaba a asomar tímidamente entre los edificios del Barrio Bellavista. Era 11 de julio, una noche común, salvo por lo extraordinario que ocurría en el corazón palpitante de Sala Metrónomo.

Por primera vez, el festival Ladera Volcán llegaba a la capital como un rito íntimo, profundamente cuidado, donde cada artista parecía más una confesión que un show. Una reunión de voces que no gritan, pero que resuenan.

Tres voces, una sola vibración

Pedropiedra, Olivia García y Rosario Gatica fueron los protagonistas de esta ceremonia sonora. Cada uno con su mundo, pero todos con una carga emocional que transformó el espacio en algo más parecido a un refugio que a una sala de conciertos.

Rosario Gatica abrió la noche con una vibra contenida, poderosa, casi cinematográfica. Hay una calma extraña en su forma de interpretar, como si sus canciones nacieran para quedarse, para habitar el tiempo con delicadeza. Cuando fue entrevistada por Pleidelis, la cantante señaló con una mezcla de pudor y entusiasmo:

“Estoy trabajando en un nuevo disco, más experimental, con sonidos nuevos… Estoy muy emocionada, con muchas ganas de mostrar mi música a todos.”

Olivia García, aparecio feliz por su titulación: dejó atrás los días divididos entre clases y ensayos, para sumergirse por completo en la música. Su voz —limpia, sentida, valiente— se sintió como una declaración de principios. Y lo era. Pronto parte a una gira por España, y lo dejó claro: “Ahora estoy 100% disponible para la música, que es lo que más quiero en la vida”.

Pedropiedra, cerró con su encanto habitual fue el anfitrión ideal para un público que ya lo siente parte del de sus vidas.

Una nueva generación que no necesita permiso

Ladera Volcán no solo puso sobre la mesa a tres artistas con recorrido; también dejó en evidencia algo más profundo: una nueva generación de músicos chilenos que ya no espera validación para existir, que crea desde la raíz, pero con la vista puesta en el mundo.

El festival, que nació lejos de los centros de poder —en el sur, cerca del volcán Osorno—, encontró en esta fecha santiaguina un punto de expansión emocional.

Y cuando la música terminó y las luces volvieron a su blanco habitual, la luna ya estaba alta. Afuera, el frío seguía, pero algo había cambiado. Porque algunas noches, aunque pequeñas, encienden fuegos que arden mucho más lejos de lo que imaginamos.

The post Lo íntimo es lo inmenso: la nueva generación de la música chilena se toma el escenario en Ladera Volcán appeared first on Pleidelis.

]]>
https://pleidelis.cl/lo-intimo-es-lo-inmenso-la-nueva-generacion-de-la-musica-chilena-se-toma-el-escenario-en-ladera-volcan/feed/ 0